lunes, 19 de mayo de 2008

Sobreviviendo a Marcahuasi

Al pasar tres horas de viaje, el carro aún subía el cerro por la polvorienta carretera, rumbo a San Pedro de Casta, el cual sería el punto de inicio de nuestra aventura hacia la meseta de Marcahuasi.

Con el sol ardiendo sobre nuestras cabezas, llegamos a un pueblito infestado por una población de peruanos y extranjeros que también tenía nuestro mismo destino. Existen dos maneras de llegar al lugar, una de ellas es yendo a caballo, pero para acceder a este servicio, había que desembolsar quince nuevos soles al dueño de la bestia. La otra forma, la cual escogimos, es caminar cuesta arriba unas cuatro horas hasta la meseta.

A las dos horas de caminata, ya pensábamos en desistir de la aventura, ya que la altura del lugar y el sol menguaban poco a poco toda nuestra energía, pero no mataron nuestro anhelo de conocer este enigmático lugar.

Pasaron unas cinco horas y por fin habíamos llegado al “Anfiteatro de Marcahuasi”, el lugar donde las personas preparan y arman todas sus cosas para pasar la noche ahí. En esos momentos nos dimos cuenta que no estábamos preparados para este nuevo reto, ya que no habíamos llevado ni carpa, ni frazada, absolutamente nada, solo la cámara de video, siete paquetes de galletas de soda y una botella de agua de tres litros.

Al caer la noche, la temperatura empezó a bajar, hasta llegar a los 10 grados bajo cero. Nos percatamos que la única manera de sobrevivir al frío era colarnos a una de las carpas vecinas. Gracias a los APUS, un señor, que nos había recomendado bajar al pueblo por que no íbamos aguantar la helada, nos presto una carpa y un par de frazadas para pasar la noche. ¡Gracias don Ricardo!

Durante la noche el aire era tan frío y seco que sentíamos que los pulmones se cortaban en pedazos. Amaneció, ningún gallo canto, pero los perros que merodeaban el lugar aullaban como una señal de que debíamos salir ya de nuestro cobijo. Entre la población de carpas, divisamos una tienda armada con plásticos azules, dentro de esta había una “mamacha” que vendía un mate de coca preparado especialmente para combatir el frío matinal.


Después de ese pequeño desayuno, caminamos rumbo hacia los atractivos turísticos más representativos del lugar, como la laguna “Cachu-Cachu”, la Fortaleza o el Monumento a la Humanidad. Para visitar todo estos lugares, se debe caminar entre llanos y pequeños cerros de piedras. Esto demora alrededor de 3 a 4 horas de recorrido pero este esfuerzo realmente vale la pena.

Al regresar al Anfiteatro, juntamos nuestras pocas cosas y nos despedimos de los buenos amigos que hicimos en ese día y medio de aventura. La bajada de regreso al pueblo es fácil y más rápida, alrededor de una hora y media. Llegando a San Pedro de Casta no tuvimos tiempo de nada, solo de ir un par de minutos al baño, ya que el último carro que regresaba a Lima estaba a punto de partir.

Ya en el carro nos sentíamos agotados por el trajín del viaje, pero en el fondo, muy satisfechos por lo que habíamos logrado hacer con los pocos recursos que poseíamos. El Perú esta lleno de cosas impresionantes e impredecibles, simplemente salgan y disfrútenlo.

1 comentario:

Belia dijo...

Excellente trabajo! Estoy de acuerdo que Marcahuasi se ve extraordinario y enigmatico.
Por su puesto que mi proximo viaje lo visitare.
La proxima no muevan mucho la camara y modulen mejor el sonido.
Mil gracias por la informacion y el video.

Belia Toronto, Canada